El encierro y la espera, solo eso quedaban…solo eso. Los días interrumpidos por una vaga tormenta alimentaban su esperanza de naufragar, de perderse en la mar, de morir. No importaba nada, no anhelaba más que extinguirse en cada respiro.
La embarcación llevaba también a trescientos soldados, hombres de edades inciertas que premunidos de letales armamentos habían asolado el pequeño villorrio de pescadores que ahora no era más que un descampado de cuerpos descuartizados y un río de sangre.
La pequeña Viola había sido tomada como botín junto a dos pequeñas casi de la misma edad que habían logrado junto a ella escapar de los hierros y la madera. Del resto de los habitantes solo quedaban pedazos esparcidos por la orilla y algo de carroña que alimentaba a los lobos que bajaban de lo alto de las colinas. Ya nada quedaba de aquel pueblo de antaño que había permanecido infranqueable, de los hombres fuertes que lo habitaban ni de sus hermosas mujeres, todo se había desvanecido en la batalla, incluso el recuerdo que débilmente conservaban las tres niñas.
Viola desde una pequeña ventana observaba el exterior. Le parecía que en algún momento algo se levantaría de las aguas y los engulliría a todos por completo, como las historias que contaban los viejos pescadores sobre monstruos marinos que devoraban hombres en el océano. Había algo en las aguas, en su incierta oscuridad que la atormentaba y la atraía, un canto casi imperceptible, un lamento. Lentamente comenzó a desvanecerse por el sueño, por el cansancio y no despertó hasta que lo inevitable en el curso de esta historia debía suceder.
Las olas rugían como feroces bestias levantándose una tras otra contra el barco. Los hombres en la cubierta se aferraban a los mástiles, a las redes a las cuerdas. Inevitablemente el barco habría de sucumbir ante la tormenta. Viola estaba preparada esperando el momento, mientras las dos niñas se abrazan y sollozaban un llanto seco sin esperanza, Viola esperaba el inminente desenlace y la libertad posterior que encontraría solo en las profundidades, la derrota del enemigo y la tragedia que se tornaría victoria si con ello alcanzaba escapar a su destino.
La tormenta parecía crecer a cada momento. Un vaivén de fuerza sobrenatural mecía la embarcación que se encontraba a merced del mar. De pronto un chillido aterrador se dejo envolver en las olas casi emergiendo desde las profundidades, los hombres sin poder soportarlo tapaban con las manos sus oídos que comenzaban a emanar sangre, los gritos de dolor de los mercenarios comenzó a intensificarse desgarrando sus gargantas y desorbitando sus ojos. En ese momento, cuando todo parecía terminar para ellos, la mar se calmó y el chillido cesó. Los hombres a punto de desfallecer observaron perplejos como en medio de la oscuridad una luz proveniente de las profundidades comenzaba a desplegarse sobre la superficie del océano. Viola junto a las niñas que inexplicablemente no habían experimentado el mismo terror y dolor de los hombres, permanecieron en trance, ensimismadas.
La luz que emergía de las profundas aguas resplandecía como el destello del mediodía en plena primavera con reflejos de una luz enceguecedora y difusa. Los hombres comenzaron a sentir alivio en sus corazones, una especie de calor que penetraba a sus cuerpos y comenzaba a entibiar sus órganos. La luz comenzó a transformar la noche en día, un velo acuoso que emergía de las profundidades confundiéndolo todo los envolvía en una burbuja calida y lumínica.
En ese jolgorio de luces brillantes y calidos reflejos de rayos ficticios los hombres comenzaron a danzar y abrazarse creyéndose a salvo y tocados por la gracia de sus dioses que los guiarían a puerto seguro en las lejanas tierras del norte. Pero cuan errados estaban no lo sabían y la dicha y la paz que experimentaron poco los preparó para el terror que les esperaba.
En alguna parte en aquella lluvia de luces comenzó a distinguirse un leve sonido, casi imperceptible al principio que luego comenzó a oírse más fuerte y más claro, como un conjunto de voces que al unísono recitaban palabras en lenguas desconocidas, casi hablándose y respondiendo, llamando, cantando…y riendo. Los mercenarios atraídos por las voces bailaban y buscaban entre las cortinas de agua sus portavoces, casi desenfrenados al borde de la locura buscaban casi sin aliento, desesperados. Cada momento cada instante se hacia más insoportable para ellos, las voces los atraían a alguna parte pero no encontraban su origen y eso los desesperaba, unos se tiraban a la cubierta y golpeaban sus cabezas en la madera hasta verse ensangrentados, otros corrían de un lado a otro creyendo ver sombras que se difuminaban en la claridad que los envolvía.
Cuando todo parecía un sueño, como una imagen difuminada tras las cortinas de agua apareció una mujer, tan extraña, de tan indescriptible belleza, que ningún hombre fue capaz de realizar acción alguna. Perplejos ante tal visión no sabían si esconderse o admirarla. Se quedaron hipnotizados como si el tiempo los hubiera hecho prisioneros de una escena perpetua. La mujer se acercó un poco, lo preciso para ser vista con mayor claridad, los hombres siguieron parados estupefactos ante la criatura que los observaba con curiosidad.
Viola que había despertado de su letargo vio la escena, observó a la mujer, vio su rostro ya que sólo eso la luz dejaba con nitidez identificar. La mujer de profundos ojos, de extraño color casi transparentes conforme la luz atravesaba y se mezclaba con las cortinas de agua, cambiaba el aspecto inicial como si sus colores mimetizaran con el ambiente y con las cosas que observaba. Sus ojos nunca parpadeaban y su cabeza se movía lentamente como si con ella indicara algo, alguna cosa. Viola notó como lentamente tres mujeres más se acercaron a las cortinas de agua y tal como lo hiciera la primera permanecieron casi inmóviles de no ser por sus pequeños movimientos.
Las voces, esas voces que aparecían de la nada ahora emanaban de ellas pero sus labios no expulsaban palabra alguna y aún así el canto provenía de ellas de alguna parte en su interior.
Viola estaba aterrada y fascinada a la vez, parecía estar en un sueño… los hombres, aquellas bestias ahora eran dominadas por estas criaturas angelicales y diabólicas, indescriptibles en belleza y de desconocido origen.
Ella observaba sus labios inamovibles y perfectos, sus cuellos finos y sus cabellos volátiles que al igual que sus extraordinarias miradas carecían de color alguno.
Los hombres comenzaron a notar como estas hermosas criaturas comenzaban a perderse entre los hilos de agua y enceguecidos por sus imágenes y por sus cantos se lanzaron a la mar en su búsqueda más no hallaron a las cuatro mujeres, solo sus voces y sus cantos transitaban por las olas en la oscuridad que dio paso la luz. Los hombres intentaron seguir hacia las profundidades la claridad que antes los impregnara con su calor pero prontamente comenzaron a subir a la superficie desesperados, gritando de pavor.
Viola que continuaba despierta trepo por una pequeña caja de madera hasta deslizarse cuidadosamente por la escotilla desde donde había logrado observar la anterior escena de la cubierta. Entumecida por el frío y acalambrada por el encierro, camino dificultosamente entre una serie de tiestos y redes que sin ningún orden acaparaban todo el piso de la embarcación. Casi sin controlar sus actos se sintió atraída hacia las aguas, se acercó lentamente tambaleándose hasta un costado de la proa y vio con terror como los hombres, los mismos que se lanzaran antes a la mar, eran empujados hacia las profundidades por una fuerza desconocida mientras intentaban safarse sin resultados.
Viola horrorizada solo distinguía una mancha gigantesca, una oscuridad, una especie de vacío que parecía dibujarse en el agua hacia donde los hombres eran absorbidos. La escena comenzó a sofocarla, lo gritos de esos hombres martillaban su cabeza, el vacío negro que los devoraba en el agua comenzó a teñirse de rojo y noto como extremidades, entre brazos, piernas y cabezas desprendidos de sus cuerpos originales comenzaban a desaparecer en un remolino que los subsionaba en la oscuridad.
Viola retrocedió hacia el camarote principal, sus piernas parecían muertas casi no respondían, el terror la había paralizado. Con esfuerzo casi sobrehumano entro en la habitación y cerró la puerta, luego se desvaneció lentamente a esperar lo inevitable, a esperar ser tragada junto a la embarcación, a esperar la muerte.
ven pequeña, no temas…,
sumérgete y canta en la oscuridad.
La embarcación llevaba también a trescientos soldados, hombres de edades inciertas que premunidos de letales armamentos habían asolado el pequeño villorrio de pescadores que ahora no era más que un descampado de cuerpos descuartizados y un río de sangre.
La pequeña Viola había sido tomada como botín junto a dos pequeñas casi de la misma edad que habían logrado junto a ella escapar de los hierros y la madera. Del resto de los habitantes solo quedaban pedazos esparcidos por la orilla y algo de carroña que alimentaba a los lobos que bajaban de lo alto de las colinas. Ya nada quedaba de aquel pueblo de antaño que había permanecido infranqueable, de los hombres fuertes que lo habitaban ni de sus hermosas mujeres, todo se había desvanecido en la batalla, incluso el recuerdo que débilmente conservaban las tres niñas.
Viola desde una pequeña ventana observaba el exterior. Le parecía que en algún momento algo se levantaría de las aguas y los engulliría a todos por completo, como las historias que contaban los viejos pescadores sobre monstruos marinos que devoraban hombres en el océano. Había algo en las aguas, en su incierta oscuridad que la atormentaba y la atraía, un canto casi imperceptible, un lamento. Lentamente comenzó a desvanecerse por el sueño, por el cansancio y no despertó hasta que lo inevitable en el curso de esta historia debía suceder.
Las olas rugían como feroces bestias levantándose una tras otra contra el barco. Los hombres en la cubierta se aferraban a los mástiles, a las redes a las cuerdas. Inevitablemente el barco habría de sucumbir ante la tormenta. Viola estaba preparada esperando el momento, mientras las dos niñas se abrazan y sollozaban un llanto seco sin esperanza, Viola esperaba el inminente desenlace y la libertad posterior que encontraría solo en las profundidades, la derrota del enemigo y la tragedia que se tornaría victoria si con ello alcanzaba escapar a su destino.
La tormenta parecía crecer a cada momento. Un vaivén de fuerza sobrenatural mecía la embarcación que se encontraba a merced del mar. De pronto un chillido aterrador se dejo envolver en las olas casi emergiendo desde las profundidades, los hombres sin poder soportarlo tapaban con las manos sus oídos que comenzaban a emanar sangre, los gritos de dolor de los mercenarios comenzó a intensificarse desgarrando sus gargantas y desorbitando sus ojos. En ese momento, cuando todo parecía terminar para ellos, la mar se calmó y el chillido cesó. Los hombres a punto de desfallecer observaron perplejos como en medio de la oscuridad una luz proveniente de las profundidades comenzaba a desplegarse sobre la superficie del océano. Viola junto a las niñas que inexplicablemente no habían experimentado el mismo terror y dolor de los hombres, permanecieron en trance, ensimismadas.
La luz que emergía de las profundas aguas resplandecía como el destello del mediodía en plena primavera con reflejos de una luz enceguecedora y difusa. Los hombres comenzaron a sentir alivio en sus corazones, una especie de calor que penetraba a sus cuerpos y comenzaba a entibiar sus órganos. La luz comenzó a transformar la noche en día, un velo acuoso que emergía de las profundidades confundiéndolo todo los envolvía en una burbuja calida y lumínica.
En ese jolgorio de luces brillantes y calidos reflejos de rayos ficticios los hombres comenzaron a danzar y abrazarse creyéndose a salvo y tocados por la gracia de sus dioses que los guiarían a puerto seguro en las lejanas tierras del norte. Pero cuan errados estaban no lo sabían y la dicha y la paz que experimentaron poco los preparó para el terror que les esperaba.
En alguna parte en aquella lluvia de luces comenzó a distinguirse un leve sonido, casi imperceptible al principio que luego comenzó a oírse más fuerte y más claro, como un conjunto de voces que al unísono recitaban palabras en lenguas desconocidas, casi hablándose y respondiendo, llamando, cantando…y riendo. Los mercenarios atraídos por las voces bailaban y buscaban entre las cortinas de agua sus portavoces, casi desenfrenados al borde de la locura buscaban casi sin aliento, desesperados. Cada momento cada instante se hacia más insoportable para ellos, las voces los atraían a alguna parte pero no encontraban su origen y eso los desesperaba, unos se tiraban a la cubierta y golpeaban sus cabezas en la madera hasta verse ensangrentados, otros corrían de un lado a otro creyendo ver sombras que se difuminaban en la claridad que los envolvía.
Cuando todo parecía un sueño, como una imagen difuminada tras las cortinas de agua apareció una mujer, tan extraña, de tan indescriptible belleza, que ningún hombre fue capaz de realizar acción alguna. Perplejos ante tal visión no sabían si esconderse o admirarla. Se quedaron hipnotizados como si el tiempo los hubiera hecho prisioneros de una escena perpetua. La mujer se acercó un poco, lo preciso para ser vista con mayor claridad, los hombres siguieron parados estupefactos ante la criatura que los observaba con curiosidad.
Viola que había despertado de su letargo vio la escena, observó a la mujer, vio su rostro ya que sólo eso la luz dejaba con nitidez identificar. La mujer de profundos ojos, de extraño color casi transparentes conforme la luz atravesaba y se mezclaba con las cortinas de agua, cambiaba el aspecto inicial como si sus colores mimetizaran con el ambiente y con las cosas que observaba. Sus ojos nunca parpadeaban y su cabeza se movía lentamente como si con ella indicara algo, alguna cosa. Viola notó como lentamente tres mujeres más se acercaron a las cortinas de agua y tal como lo hiciera la primera permanecieron casi inmóviles de no ser por sus pequeños movimientos.
Las voces, esas voces que aparecían de la nada ahora emanaban de ellas pero sus labios no expulsaban palabra alguna y aún así el canto provenía de ellas de alguna parte en su interior.
Viola estaba aterrada y fascinada a la vez, parecía estar en un sueño… los hombres, aquellas bestias ahora eran dominadas por estas criaturas angelicales y diabólicas, indescriptibles en belleza y de desconocido origen.
Ella observaba sus labios inamovibles y perfectos, sus cuellos finos y sus cabellos volátiles que al igual que sus extraordinarias miradas carecían de color alguno.
Los hombres comenzaron a notar como estas hermosas criaturas comenzaban a perderse entre los hilos de agua y enceguecidos por sus imágenes y por sus cantos se lanzaron a la mar en su búsqueda más no hallaron a las cuatro mujeres, solo sus voces y sus cantos transitaban por las olas en la oscuridad que dio paso la luz. Los hombres intentaron seguir hacia las profundidades la claridad que antes los impregnara con su calor pero prontamente comenzaron a subir a la superficie desesperados, gritando de pavor.
Viola que continuaba despierta trepo por una pequeña caja de madera hasta deslizarse cuidadosamente por la escotilla desde donde había logrado observar la anterior escena de la cubierta. Entumecida por el frío y acalambrada por el encierro, camino dificultosamente entre una serie de tiestos y redes que sin ningún orden acaparaban todo el piso de la embarcación. Casi sin controlar sus actos se sintió atraída hacia las aguas, se acercó lentamente tambaleándose hasta un costado de la proa y vio con terror como los hombres, los mismos que se lanzaran antes a la mar, eran empujados hacia las profundidades por una fuerza desconocida mientras intentaban safarse sin resultados.
Viola horrorizada solo distinguía una mancha gigantesca, una oscuridad, una especie de vacío que parecía dibujarse en el agua hacia donde los hombres eran absorbidos. La escena comenzó a sofocarla, lo gritos de esos hombres martillaban su cabeza, el vacío negro que los devoraba en el agua comenzó a teñirse de rojo y noto como extremidades, entre brazos, piernas y cabezas desprendidos de sus cuerpos originales comenzaban a desaparecer en un remolino que los subsionaba en la oscuridad.
Viola retrocedió hacia el camarote principal, sus piernas parecían muertas casi no respondían, el terror la había paralizado. Con esfuerzo casi sobrehumano entro en la habitación y cerró la puerta, luego se desvaneció lentamente a esperar lo inevitable, a esperar ser tragada junto a la embarcación, a esperar la muerte.
ven pequeña, no temas…,
sumérgete y canta en la oscuridad.
1 comentarios. Tu opinión aquí.:
que excelente escrito, me agrado mucho en serio!! di con tu blog dandole click a Ellioth Smith en mi perfil, jeje que bueno que he llegado hasta aqui, este escrito me alimenta y me inspira a continuear empuñando la pluma sobre el papel.
ojala y puedas pasar a darte una vuelta por mi blog, tengo algunas entradas,que destilan psicodelia, como la que has inyectado en mi cerebro con tu post: Viola.
Salute!!!
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